El Gozo

3er. DOMINGO DE PASCUA
"El GOZO"

Monseñor Jean de Saint Denis


Homilía inédita

En este 3er. domingo después de Pascua, el evangelio celebra la ascensión real hacia el Padre, el nacimiento a una Alegría nueva

Así como el Adviento y la Cuaresma, el tiempo pascual celebra también un domingo de la Alegría y por el mismo motivo: ¡la proximidad del Señor!

Su partida inminente (la Ascensión) esconde su regreso no menos inminente bajo una forma totalmente nueva.

Como los discípulos, debemos pasar del conocimiento indispensable del Cristo histórico, exterior a nosotros, limitado en el espacio y el tiempo, al conocimiento del mismo Cristo glorificado e interior a nosotros por el Espíritu, siempre presente a través del espacio y el tiempo.

Debemos pasar del conocimiento carnal y psicológico: conocer al Cristo como los apóstoles en Galilea, a conocerle ahora por la historia, los documentos y los testimonios, para pasar, pues, del conocimiento carnal al conocimiento espiritual, es decir conocer a Jesús-Cristo como Dios, por el Espíritu-Santo, La Divina Liturgia, la caridad y la amistad con los miembros de la Iglesia.

Es el paso de la economía del Verbo encarnado a la economía del Espíritu-Santo, el paso del “testimonio de la sangre” (la carne y la sangre históricas) al “testimonio del agua” (signo de Vida divina: el agua y el Espíritu).

Son dos economías, dos testimonios, dos conocimientos que nunca hay que separar, pero que no hay que confundir en absoluto. Este paso, nunca acabado hasta la hora de nuestro nacimiento al cielo, es comparado por Cristo con un parto largo.

Este 3er. domingo después de Pascua canta el dolor transfigurado en Alegría, en el nacimiento del nuevo Hombre, el nuevo Génesis del mundo.

Y el tiempo que lo hace germinar es ese "poco tiempo". tan ligero, tan fugitivo: ¿haremos del simple reloj de arena un tiempo que huye y fluye en vano o bien la germinación de un ser viviente llamado a dar fruto abundante, un fruto que permanece? Tal es el sentido de nuestra peregrinación terrestre.

Podemos contemplar de antemano lo que nos propone el evangelio del 4to domingo después de Pascua: el anuncio profético del Espíritu de Verdad.

El Espíritu Santo viene para transmitirle a cada uno, de manera personal y siempre nueva, las tres obras que el Cristo realizó de una vez por todas y para el universo entero.

1ra. obra del Cristo - El Evangelio: el Espíritu-Santo nos vuelve a poner en memoria, interiormente, tal como un profesor particular maternal, nos lo hace asimilar bajo su inspiración, es por eso que es nombrado “Paráclito”, es decir literalmente el Intérprete, el Abogado, el Consejero;

2da obra del Cristo - La Eucaristía y los sacramentos: el Espíritu-Santo transforma los Santos Dones, como contribuyó con el Padre y el Hijo a transfigurar el Cuerpo crucificado en Cuerpo glorioso, es por eso que hacemos la Epiclesis u oración de llamada al Espíritu-Santo;

3ra. obra del Cristo - la Iglesia: El Espíritu - Santo la anima desde adentro con el fin de hacer la comunión de los Santos, la Santa Iglesia, y no una sociedad o una institución como otras; es por eso que se llama Ecclesia (es lo mismo que Paraclet y Épiclèse que provienen del mismo verbo griego que significa "apelar", "convocar").

Podemos afirmar que sin Espíritu-Santo nuestra lectura del Evangelio y nuestra fe, nuestras liturgias y nuestra oración, nuestra Iglesia y nuestra caridad, corren el peligro de calcificarse y de cerrarse, de caer en el adoctrinamiento, el ritualismo o el fanatismo clerical o laico.

Con el Espíritu-Santo, todo cambia porque Él es Aquel que llena todo y transforma todo, nos hace caminar en la verdad entera a partir de la economía pascual del Dios-Hombre: el Cristo.

A Él,  la gloria en a los siglos de los siglos. ¡Amen! ¡Amen!

Site fondé par Père Guy Barrandon († 15 Octobre 2011)